¿Por qué?

Porque existen organizaciones que encuentran problemas cuando tratan de contestar a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es el conocimiento agregado de su organización?
  • ¿Qué temas se mueven más? ¿Hay solapes de conocimiento en su organización?
  • ¿Podría configurar el mejor equipo de trabajo? En proyectos en colaboración, ¿quiénes son los socios con los que más a menudo colabora?
  • ¿Qué tecnologías utiliza con mayor frecuencia dependiendo del sector/socio?
  • ¿Podría encontrar un activo de conocimiento concreto?
  • ¿Quién sabe qué? ¿Qué es sabido por quién?
  • ¿Quién se beneficia de relacionarse con quién?

Pero la respuesta a todas estar preguntas permanece dentro de las compañías, escondida entre montones de información no estructurada, información que no puede ser analizada ni comparada con datos estructurados, resultando en una montaña de información no clasificada.

Y, a nivel personal, estamos seguros de que se ha planteado algunas de estas preguntas más de una vez: ¿Cuántos documentos puede descargarse de Internet, buscar por la red de la compañía durante la preparación de una propuesta/oferta? ¿Dónde los almacena? ¿Podría recuperar dicho documentos sin hacer uso de su buena memoria? ¿Cuántas veces se ha descargado o ha estado buscando el mismo documento? ¿Dónde estaba aquella web tan buena? ¿Quién desarrolló la funcionalidad X, utilizando la plataforma Z?.

Regla del 80%: El 80% de la información empresarial gestionada por compañías es información no estructurada: textos, documentos electrónicos, voz y vídeo.